Úlceras de presión asociadas a la inmovilidad

Úlceras de presión asociadas a la inmovilidad

Las úlceras de presión, también conocidas como úlceras por presión o escaras, son ulceraciones en las que partes de un tejido son comprimidas entre prominencias óseas. La presión entre las prominencias óseas y los tejidos blandos, sumada a la fricción, fuerzas de cizallamiento y humedad, crea regiones sensibles propensas a lesiones y, en casos más graves, incluso necrosis.

Las nalgas, la espalda, los talones, los hombros, las orejas y los laterales de la rodilla son las regiones más comúnmente propensas al desarrollo de úlceras por presión, ya que son áreas que normalmente están en contacto constante con alguna superficie rígida. Sin embargo, cualquier región que esté en contacto rígido, frotando y atrayendo bajo una superficie, tiene riesgo de lesionarse.

Inicialmente, el área afectada suele mostrar enrojecimiento y sensibilidad al tacto, pudiendo también presentar hinchazón. A medida que la lesión se desarrolla, la piel se vuelve más oscura hasta la formación de una herida abierta. En estas áreas, la piel suele estar húmeda y fría al tacto, pudiendo presentar olor y secreción. En las etapas más avanzadas, la lesión se vuelve más profunda, generando dolor e infección.

Estas lesiones ocurren con frecuencia en individuos mayores de 65 años, con circulación tisular perjudicada, asociada a la inmovilización, desnutrición y pérdida de sensibilidad. El diagnóstico suele ser clínico y el pronóstico depende de la identificación temprana del riesgo, así como del tratamiento mediante la reducción de la presión, evitando la fricción y las fuerzas de cizallamiento. La inmovilidad es uno de los principales factores predisponentes para la aparición de las úlceras por presión.

INMOVILIDAD COMO FACTOR DE RIESGO

La disminución de la movilidad es uno de los principales factores de riesgo para la aparición de úlceras, por lo que es importante tener medidas preventivas y de tratamiento para pacientes que no pueden moverse libremente.

La inmovilidad genera una reducción de la circulación, lo que impide que los tejidos se oxigenen. La falta de oxigenación adecuada hace que los tejidos estén menos nutridos y, por lo tanto, más sensibles. Asociados a la ineficiencia de oxígeno, los tejidos que están sometidos a fricción en la cama generan un estímulo en la dermis que propicia el aumento de la sensibilidad y el riesgo de úlceras, principalmente porque la realidad de estar encamados y en las mismas posiciones durante períodos prolongados aumenta la temperatura tisular, haciendo que la circulación sea ineficaz. Esta falta de oxígeno y nutrición de los tejidos genera la liberación de factores inflamatorios que alteran la permeabilidad vascular, generando edema y empeorando la isquemia. La isquemia conduce a la muerte celular, liberando más factores inflamatorios. El aumento del estado inflamatorio aumenta el desequilibrio de las proteínas en los tejidos necesarias para la protección de la dermis, aumentando la destrucción tisular. Una vez que la úlcera es más grande e intensa, se convierte en una puerta de entrada para microorganismos infecciosos que se proliferan en la región, aumentando el riesgo de infección local y sistémica.

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

Una evaluación detallada y continua es parte de las medidas para prevenir las úlceras por presión. Por ejemplo:

  • Evaluar diariamente la aparición de áreas enrojecidas sobre prominencias óseas que, al presionar, no se vuelven blancas.
  • Observar la aparición de ampollas, depresiones o heridas en la piel. Documentar todos los cambios observados.
  • Posicionar al paciente encamado con movilidad reducida al menos cada 2 horas para aliviar la presión.
  • Orientar y garantizar la movilización del usuario de silla de ruedas en posición sentada cada 1 hora.
  • Utilizar elementos que ayuden a reducir la presión, como almohadas y colchones para reducción de presión, acolchados de espuma, entre otros.
  • Garantizar un plan nutricional con la cantidad necesaria de calorías, proteínas, vitaminas y minerales.
  • Proporcionar e incentivar la ingesta diaria adecuada de líquidos para la hidratación.
  • Mantener la piel limpia, seca e hidratada.
  • Prevenir dermatitis asociadas a la incontinencia evitando el contacto con la orina y las heces, higienizando después de las eliminaciones y utilizando cremas de barrera, si es necesario.
  • No masajear áreas con signos de ulceración.
  • No utilizar almohadas en forma de anillo, ya que no garantizan el principio de distribución de la presión. En su lugar, utilizar almohadas que proporcionen alivio de presión compuestas por gel y/o aire.

Una vez instalado, el tratamiento debe seguir la etapa de la lesión, pero en general, debe evitar el aumento del área afectada, manteniéndola siempre limpia y seca. Además, evitar la causa de la presión, ajustar y posicionar a los pacientes de la mejor manera posible, y utilizar apósitos adecuados también previenen el aumento de la lesión, drenan secreciones y bloquean la entrada de bacterias. El uso de almohadas que alivien la presión, a través de composiciones de aire y/o gel, también reduce la fricción y deben ser utilizadas.

Por lo tanto, es esencial considerar la inmovilidad como causa de numerosas consecuencias negativas, como las úlceras por presión, y buscar continuamente mejorar la calidad de vida de los pacientes encamados a través de la prevención, el cuidado y los recursos.

Aline Moura Santos Aline Moura Santos Ejecutiva de ventas ¿Interesado en saber más sobre este tema? Comunícate hoy mismo.